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Archive for 18 mayo 2012

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Durante el siglo XVI y antes de que Lope se convirtiera en uno de los máximos exponentes de la comedia de moros y cristianos, nace la novela morisca, en la que destacan por su importancia tres obras narrativas: El Abencerraje  de autor anónimo, La historia de los bandos de los Zegríes y Abencerrajes, mejor conocida como Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita y la «Historia de los dos enamorados Ozmín y Daraja» que aparece en Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Estas obras son parte de lo que hoy día Georges Cirot denominó maurofilia literaria, llamada así porque hace referencia a la España de los primeros Austrias, que se caracteriza por recrear en términos positivos el encuentro de la élite mora de Granada con caballeros cristianos en la última etapa de las guerras fronterizas o de Reconquista. Con seguridad, no se puede establecer una correlación entre el ámbito de la ficción y el mundo del autor, pero sin duda alguna, no se acerca a la imagen idealizada que en ellas se ofrece del caballero moro en relación de igualdad con el cristiano[1]. Al examinar el contexto histórico preciso en que aparecen estas novelas, se pone de manifiesto en cada caso una realidad de la época: la población morisca española y la actitud que ante ella adopta la sociedad. Cabe destacar que en el momento en que se escriben estas novelas, en España se encuentra un grupo social minoritario, por lo que la figura que proyecta el escritor es una figura idealizada del moro o del morisco español. Sin embargo, no hay duda alguna de que la novela morisca ha servido de influencia para la redacción de otros relatos de la misma temática. 

En cuanto al teatro anterior a Lope, el moro aparece frecuentemente como figura cómica. Aunque también hay casos en los cuales los personajes musulmanes no son caracterizados como tales. Con todo, no hay material suficiente que aclare el origen de las comedias de moros y cristianos, en la que se presenta el ambiente caballeresco y la visión poética del moro granadino, fiel representante del género morisco. Sin embargo, se vislumbra su origen a través de cierto tipo de mascaradas celebradas en el siglo XV y que sobreviven en las fiestas de moros y cristianos[2]. En este sentido, Crawford señala un festejo referido a los Hechos del Condestable Miguel Lucas de Iranzo, en el que se presenta un desafío y la conversión final de los moros[3].

Por otra parte, existe cierto tipo de celebración, donde el texto deja de ser un elemento secundario y pasa a ocupar un primer plano del espectáculo, me refiero a los fastos cortesanos. Es en la corte portuguesa, donde va a generarse toda una tradición de fastos cortesanos con dimensiones literarias. De esta tradición nacerá el autor Gil Vicente, su máximo exponente. Los fastos cortesanos, en general, incorporaron en su teatralidad los temas de la literatura cortesana: amor cortés y caballerías, luchas de moros y cristianos, disertaciones didácticas y alegóricas[4]. Estos continuaron celebrándose durante todo el siglo XVI y debieron influir en los poetas que luego se encargaron de escribir comedias.

 Otro testimonio relevante es el de Agustín de Rojas, que afirma en su Loa de la comedia, que la comedia de moros y cristianos comenzó a florecer poco antes de que compusieran sus obras dramáticas Juan de la Cueva, Cervantes y Francisco de la Cueva, y menciona el nombre del autor que creó el género, un tal Berrio:

…después desto
se basaron otras, sin estas,
de moros y christianos,
con ropas y tunicelas.
Estas empezó Berrio[5].

Este Berrio es probablemente el licenciado Gonzalo Mateo de Berrio (1554-1628), poeta granadino del que no se conserva ninguna comedia, pero que figura en la Primera parte de las flores de poetas ilustres (1605) de Espinosa, y fue citado por Lope en el Laurel de Apolo y por Cervantes en La Galatea[6]. Según Rojas, la vistosa indumentaria que se lucía en las comedias de moros y cristianos apunta a un origen relacionado con los festejos caballerescos. En estas piezas no es raro encontrar un jinete montado a caballo y escenas relacionadas con el duelo como ocurre entre Tarfe y Garcilaso, personajes lopianos que participan en las comedias Los hechos de Garcilaso de la Vega y moro Tarfe y El cerco de Santa Fe, en el que regresa triunfal el cristiano mostrando la cabeza del vencido[7].

Posteriormente y bajo la pluma de Lope de Vega surge gran cantidad de obras que trata la temática morisca. En su plenitud, y antes de comenzar a escribir comedias, Lope había cultivado los romances en que poetiza episodios de sus amores y los adapta a la ficción pastoril y en algunas ocasiones morisca. El romance morisco presenta al amante pobre, desdeñado, vencido en la rivalidad amorosa por otro galán más rico y de mejor posición social. Arellano y Mata dan el ejemplo de los personajes moros de Zaide, Gazul y Azarque, quienes reflejan las vivencias del propio poeta, en el marco de un mundo morisco idealizado, lleno de color y estilizado pintoresquismo[8].

En relación a otros autores de la época, Lope se convirtió en el autor que concibió más comedias de moros y cristianos. De muy joven escribió Los hechos de Garcilaso de la Vega y moro Tarfe, más tarde refundida con el título de El cerco de Santa Fe, considerada la primera comedia suya conservada y la más antigua que escenifica el famoso duelo del Ave María[9]. Durante su juventud escribió otras comedias, hoy perdidas, con el mismo tema fronterizo o morisco. En sus comedias de moros y cristianos, los personajes aparecen como galantes, enamorados, celosos y muchos de ellos tienen el alma cristiana y acaban por convertirse. Mientras que los personajes cristianos, intervienen en amoríos, fiestas y zambras, y con frecuencia protegen a un moro injustamente perseguido por su rey o víctima de la envidia de algún rival, pero en general, al castellano lo que le preocupa es la guerra y la honra, más que el amor[10]. También existe el caso de amistad entre contrarios, la cual motiva acciones heroicas. Por otra parte, los moros pueden presentar una que otra deslealtad hacia su rey, la cual es justificada porque la autoridad de este es ilegítima. En sus comedias de moros y cristianos, Lope introduce otro tipo de elementos líricos y folclóricos como romances, pasajes descriptivos, cantos y bailes del pueblo moro. Un estudio realizado por Carrasco en torno a las comedias de Lope sobre temas moriscos granadinos, sus raíces y fuentes en los romances moriscos, la lleva a la conclusión de que dichas comedias se extienden a lo largo de los primeros veinticinco años de su actividad creadora y reflejan las variedades del romance de moros que en su tiempo estaban vigentes[11]. Por consiguiente, el romancero morisco fue inspiración del joven poeta, quien asimiló los valores estéticos cuando creó la comedia nueva. Lope se adueñó de dicho género y lo dotó de una riqueza rítmica y retórica que fomentó su expansión inmediata[12].

En sus comedias, Lope refleja todos los ambientes de los que tenía conocimiento directo o indirecto, y como es natural, abundan las comedias ambientadas en España. Sus personajes pueden irse a tierras lejanas y esto no altera lo más mínimo su punto de mira: todos los sitios pensables, todas las peripecias, todos los personajes, moros o cristianos, herejes o paganos, son contemplados desde una conciencia castellana[13]. Lope no se acerca a ver cómo son en realidad, por el contrario, aparecen en escena con el perfil y la imagen con que figuran en su mente y en la de su público. Por ejemplo, si actúan como enemigos de España o el catolicismo, su retrato es una caricatura sin matices, como una representación infantil del mal[14]. En tanto no hay una perspectiva histórica, lo español constituye el marco férreo de la comedia, que confiere españolidad a cuanto entra en ella[15]. Entre sus personajes de clase superior, estos suelen poseer virtudes y pasiones que los humildes son incapaces de tener. Sin embargo, el prototipo del caballero es el más prodigado en la comedia lopesca, enamorado, heroico y apuesto, capaz de las más dignas hazañas y de los más tiernos sentimientos.

De todas las comedias que escribió Lope, más de mil quinientas, según asegura él mismo, quedan unas cuatrocientas, entre las auténticas y las dudosas, pero entre las que aparecen personajes moros sólo hay poco más de setenta. Es por ello por lo que se puede decir que la participación del moro o morisco en sus comedias es muy escasa, lo cual se debe a que fueron considerados un problema dentro de la sociedad del siglo XVII. La comedia refleja los valores de la casta dominante y por ello quedan fuera de su esfera los problemas de los sectores marginados. Según Díez, el constituir materia en la que podía intervenir la Inquisición, apartó a los dramaturgos de todo riesgo, pues estos compartían con la población los prejuicios de raza, lo que llevaba a negar valor social a esta población y en consecuencia valor literario[16].

Un aspecto interesante de estas comedias es el de la puesta en escena. Ya Cervantes comentaba en el «Prólogo» a sus Ocho comedias y entremeses publicados en 1615, cómo en tiempos de Lope de Rueda «No había tramoyas, ni desafíos de moros y cristianos, a pie ni a caballo»[17], como sucede en sus comedias El gallardo español (1615), Los baños de Argel (1615), El trato de Argel (1580-1587) de tema y ambientación moras, en la primera de las cuales un personaje sale «a caballo con lanza y adarga» y en la segunda se representa una batalla entre moros y cristianos (III, v. 2763 acot.). No obstante, en las representaciones teatrales de Lope en torno a sus comedias de moros y cristianos se integran innovadores elementos escenográficos como se verá en Los hechos de Garcilaso de la Vega y moro Tarfe, El grao de Valencia y El casamiento en la muerte.

En suma, sin duda alguna, Lope es uno de los máximos exponentes de la comedia de temática morisca con más obras que ningún otro autor de su época, presentando una imagen generalizada del morisco de su época, donde el dominio social y cultural pertenece a los cristianos.


[1] Carrasco, 1983, p. 44.

[2] Carrasco, 1989, p. 77.

[3] En Carrasco, 1989, p. 78.

[4] Oleza, 1984, p. 14.

[5] En Carrasco, 1989, p. 78.

[6] Carrasco, 1989, p. 79.

[7] Carrasco, 1989, p. 79.

[8] Arellano y Mata, 2011, p. 227.

[9] Consiste en escribir sobre un pergamino las palabras Ave María. El duelo en ambas obras se suscita tras la profanación del nombre de la Virgen madre por parte del moro Tarfe.

[10] Carrasco, 1989, p. 6.

[11] Carrasco, 1989, p. XXXIX.

[12] Carrasco, 1989, p. XL.

[13] Lázaro, 1966, p. 196.

[14] Lázaro, 1966, p. 197.

[15] Lázaro, 1966, p. 197.

[16] Díez, 1976, p. 238.

[17] Cervantes, Teatro completo, p. 8.

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