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Posts Tagged ‘disfraz’

   La palabra travestismo adaptada de transvestite, fue creada por el médico alemán Magnus Hirschfeld y publicada en el título de su obra Die Transvestiten: eine Untersuchung über den erotischen Verkleidungstrieb en 1910. Sin embargo, esta práctica de cambio de disfraz o vestido no es tan nueva como se cree, ya que se remota a tiempos antiguos y su uso en el teatro del Siglo de Oro era común. Según el Diccionario de la comedia del Siglo de Oro, el traje escénico era un signo de identidad y connotaba al personaje.

   Hoy día son diversos los motivos por los cuales se realiza esta práctica, pero en el Siglo de Oro se llevó a cabo para engañar y pasar por desapercibidos frente al otro. Este es el caso de los personajes femeninos que trato en este corto trabajo, mujeres que para no ser reconocidas optan por usar vestimenta masculina y así cubrir no sólo su cuerpo e identidad, sino también su engaño.

   Cabe señalar que el disfraz masculino suscitaba entusiasmo en el público, ya que muchos espectadores, además de disfrutar la interpretación de la actriz en hábito de hombre, descubrían una diversidad de matices psicológicos que podrían incorporarse a sus conductas. Sin embargo, el uso del disfraz masculino suscitó un escandalo entre los moralistas y en 1653 se estableció una orden para que ninguna mujer pudiera salir al escenario vestida de hombre. (Diccionario de la comedia del Siglo de Oro, p. 216).

   En la comedia Los hechos de Garcilaso de la Vega y moro Tarfe (1579-1583) encontramos a Alhama, una joven mora que cambia de hábito y se hace pasar por hombre. Alhama, quien sufrió una violación por parte de Tarfe, decide travestirse de hombre para poder visitar en prisión a su violador y no ser reconocida por este. En su objetivo, la mora quien está perdidamente enamorada de su agresor, busca hacer justicia a su deshonra y pide a Tarfe que vengue al que cometió tan atroz delito (sin este darse cuenta que es una mujer y no un hombre con quien habla). Tarfe jura vengar al agresor de la joven, pero no es hasta varios sucesos que más adelante se suscitan en la comedia, donde la joven confiesa ser mujer en hábito de hombre. Al final, la joven se despoja de su hábito masculino y consigue casarse con su violador.

   Otro caso es el de la mora Adaja en El favor agradecido (1593). Adaja es una joven que siente afición hacia la fe cristiana, por lo que su deseo es mudar de vestido, nombre y ley. Para lograr su cometido se disfraza de soldado a modo de poder huir de Argel y su Rey sin ser reconocida. La joven mora llega a Italia donde confiesa ser mujer en hábito de soldado y logra sus objetivos al convertirse en cristiana con el nuevo nombre de Juana y casarse con un seguidor de su nueva fe.

   En Las pobrezas de Reinaldos (1599) la mora Armelinda, quien es hija del rey de Fez y esposa del príncipe del Cairo, decide travestirse de hombre con el fin de escapar de su padre e ir tras la búsqueda de su esposo Celindo, quien se encuentra en una expedición para invadir Francia. La mora travestida convive entre cristianos, pero cuando llega el momento de reencontrarse con su marido, cuenta la verdad y deja el hábito de hombre.

   Los tres personajes femeninos aquí comentados, adoptan la imagen masculina por diversos motivos los cuales se resumen en no mostrar al agresor el honor perdido, por amor a un cristiano, cambiar de ley, huir del Rey o para ir tras los pasos del amado. En cada uno de estos personajes podemos concluir que el travestismo es un recurso dramático muy productivo y al margen de las implicaciones ideológicas que les adjudiquemos.

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